PREDICAS EXPOSITIVAS

 

Antes de explicar con detalles comenzaremos señalando algunos puntos que pueden definir anticipadamente una predicación o sermón expositivo:

  1. El mensaje halla su única fuente en la Escritura,
  2. El mensaje es sacado de la Escritura mediante una exégesis cuidadosa.
  3. La preparación del mensaje interpreta correctamente la Escritura en su sentido normal y en su contexto.
  4. El mensaje explica claramente el significado original que Dios procuraba para la Escritura.
  5. El mensaje aplica el significado actual de la Biblia.
  6. El mensaje expositivo no destaca al Pastor o Predicador
  7. El Mensaje expositivo minimiza o evita manipulación por parte del Pastor o Predicador a la audiencia.
  8. El mensaje o sermón Expositivo evita que el Predicador hable de circunstancias personales y lo obliga a estudiar las escrituras  más que captar o engañar a la audiencia elevando la voz o haciendo uso  de repetitivas frases que cautivan al oyente sicológicamente.
  9. La predicación expositiva utiliza solo un trozo de la escritura y lo estudia detalladamente.

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HAREMOS UN PEQUEÑO REPASO DE LAS TENDENCIAS RECIENTES

En una explicación de Hebreos 8:10, el comentarista puritano William Gouge (1575-1653) destacaba:

Los ministros han de imitar a Dios y realizar su mejor esfuerzo para instruir al pueblo en los misterios de la santidad y enseñarles que creer y practicar, para entonces conducirlos a obrar, de que practiquen lo que se les enseñó. De otra manera es posible que su labor sea en vano, el no hacer esto es una de las razones principales por las cuales muchos hombres caen en tantos errores como lo hacen en estos días.

Juan Broadus (1827 – 1895) también lamentaba la muerte de la buena predicación en los EE.UU., y G. Campbell Morgan (1863 – 1945) notó;

La obra suprema del ministro cristiano es la obra de la predicación. Este es un día en el cual uno de nuestros mayores peligros es hacer un millar de cositas mientras ignoramos una cosa, la predicación.

Los siguientes lamentos, típicos de la época, muestran que las cosan habían mejorado muy poco para la mitad de siglo:

Excepto por la creciente mundanalidad de sus miembros, el púlpito es punto débil de la iglesia. Pero la gloria del púlpito cristiano es un brillo prestado (…) La gloria se está marchando del púlpito del siglo veinte de forma alarmante (…) A la Palabra de Dios se le ha negado el trono y se le ha dado un lugar desmerecido. Empero todavía es cierto que “cualesquiera sean las señales del púlpito contemporáneo, la centralidad de la predicación bíblica no es una de ellas. Es una tradición enfocada en la centralidad de la Palabra escrita, pocos temas son más importantes que la interpretación y la proclamación de esa Palabra. Todo el mundo enfatiza la necesidad de una exégesis sólida del texto, pero pocos tienen la pericia para proveer tal exégesis y predicar efectivamente en base a la misma.

Para mediados de los años ochenta se reunió el Congreso Nacional sobre Exposición Bíblica para demandar el regreso a la verdadera exposición bíblica. El tema del congreso demandaba que la iglesia estadounidense volviera a la verdadera predicación bíblica o de otra manera, el mundo occidental continuaría su descenso hacia una cultura desvalorizada. Os Guinnes comentando acerca de la singularidad de los EE.UU. en la cultura contemporánea, declaro preocupado que “En todos mis estudios todavía no he visto una sociedad occidental en donde los bancos de la iglesia estén tan llenos y los hermanos tan vacíos.”

El estudio de John MacArthur acerca de los patrones de predicación a finales de los años ochenta, le llevó a observar: Específicamente, la predicación evangélica debe reflejar nuestra convicción de que la Palabra de Dios es infalible. Con demasiada frecuencia no es así,es más, hay una tendencia perceptible en el ambiente evangélico contemporáneo a apartarse de la predicación bíblica y arrastrarse hacia un acercamiento temático en el púlpito basado en la experiencia y el pragmatismo.

En los albores de los noventa, parece surgir su ímpetu irresistible a enfocar el púlpito a lo relevante. Siegfred Meuer alertó a los cristianos de los años sesenta en cuanto al mismo “peligro contemporáneo” el comparó la dirección de sus días a las tendencias anteriores de Harry Emerson Fosdick, quien en la década del veinte escribió “El Sermón es aburrido porque no tiene conexión con los verdaderos intereses del pueblo (…) El sermón debe ocuparse de un verdadero problema” Meuer aseveró Fosdick abrió las puertas para que la filosofía y la sicología inundaran el púlpito moderno con incredulidad. La filosofía de Fosdick suena alarmantemente parecida al consejo ofrecido en una reciente publicación acerca de la relevancia en la predicación contemporánea. Las personas que no asisten a la iglesia hoy en día son los consumidores definitivos. Quizás no nos guste, pero por cada sermón que predicamos ellos preguntan: “ Estoy interesado en ese tema o no?” Si no lo están no importa cuán efectiva sea su exposición; sus mentes se marcharán.

La conclusión implicada es que los pastores deben predicar lo que el pueblo desee escuchar en lugar de lo que Dios ha proclamado. Ese consejo activa la alarma de 2 Timoteo 4:3 que advierte “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias”. ¿Cuál es la respuesta adecuada?

Declaramos que estriba en el redescubrimiento y la reafirmación de la predicación expositiva para la generación venidera de predicadores que enfrentan todas las oportunidades espirituales y los obstáculos satánicos de un nuevo milenio. Concordamos con la evaluación de Walter Kaiser: Independientemente de que nuevas directrices y énfasis se ofrezcan con regularidad, lo que hace falta, sobre todo, para hacer que la Iglesia sea más práctica, auténtica y efectiva, es una declaración de las Escrituras con un nuevo propósito, pasión y poder.

 OTRA VISITA A LA ESCRITURA

Cuando surgen advertencias contra el alejamiento de la predicación bíblica, la única respuesta razonable es un regreso a las raíces bíblicas de la predicación para reafirmar su naturaleza esencial. Al reevaluar la herencia de la proclamación bíblica surgen dos elementos: los mandatos a predicar y la manera de predicar.

Mandatos a Predicar

Los evangelios, Hechos, las epístolas y Apocalipsis proveen muchos ejemplos así como exhortaciones a predicar la verdad en cumplimiento de la voluntad de Dios. Cinco mandatos significativos representan la extensa cantidad de pasajes como recordatorio del legado apostólico y la reafirmación de la autoridad bíblica para la predicación basada en la Biblia.

  • Mateo 28. 19-20: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”
  • 1 Timoteo 4.13: “Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.”
  • 2 Timoteo 2.2: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga ahombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.”
  • 2 Timoteo 4.2: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.”
  • Tito 2.1: “Pero tu habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina.”

La Manera de Predicar

En su discusión de (kerysso, que significa “yo predico” o “yo proclamo”), Friedrich señala al menos treinta y tres diferentes verbos empleados por los escritores neotestamentarios para representar la riqueza de la predicación bíblica. En la siguiente discusión, se examinan brevemente las cuatro más prominentes.

Kerysso se usa generalmente a través de los evangelios, Hechos y las epístolas. Juan el Bautista (Mt. 3.1), Jesús (Mt. 4.17) y Pablo (Hch, 28.31) se involucraron en la acción de predicar tal como lo indica este verbo, Pablo le encomendó esta misma actividad a Timoteo, al decirle que predicara la Palabra (2 Tim. 4.2)

Evanggelizo (evanggelizo, que significa “yo predico el evangelio”) es prácticamente intercambiable con kerysso (Lc. 8.1; Hch 8.4-5) Pablo y Bernabé predicaron las buenas nuevas de la palabra del Señor (Hch. 15.35).

Martyreo (martyreo, que significa “yo testifico” o “yo doy testimonio”) es un término legal que representa la comunicación de la verdad de parte de alguien que tiene conocimiento de primera mano. Juan el Bautista testificó acerca de la Luz (Juan 1.7-8) y Juan el apóstol acerca de la Palabra de Dios (Ap.1.2)

Didasko (didasko, que significa “yo enseño” se concentra en el propósito y el contenido del mensaje transmitido, sin excluir elementos de los tres verbos anteriores, Jesús les mandó, como parte de la Gran Comisión, a sus discípulos a que enseñaran (Mt. 28.20), Pablo le recomendó la enseñanza a Timoteo (1 Tim. 6.1 y 2 Tim. 2.2). A veces la enseñanza es asociada con kryss (Mt. 11.1) y evanggelizo ch 5.42) El contenido de lo que se enseña se concentra en el camino de Dios (Mt. 22.16) y la Palabra de Dios (Hch 18.11).

Además de estos cuatro prominentes términos, hay muchos otros que mejoran significativamente la forma bíblica de comunicar la Palabra de Dios. Por ejemplo, en Hechos 8.31 el eunuco etíope invitó a Felipe a “guiar(lo)” o “dirigir(lo)” (hodegeo) a través de Isaías 53.

Pablo “explicó” o aclaró” (ektithemi) el Reino de Dios (Hch. 28.23; Ef. 18.26) Pablo le dijo a Timoteo que él debía “confiar” o “entregar” (paratithemi) lo que había escuchado de parte de Pablo a hombres fieles para que ellos también pudieran enseñárselo a otros (2 Tim. 2.2).

 El diálogo de Jesús con los dos discípulos en el camino a Emaús añade otras dimensiones a la predicación bíblica. El “explicó” o “interpretó” (diermeneuo) las cosas acerca de si en el Antiguo Testamento, desde Moisés hasta los profetas (Lc. 24.27) Ellos, a su vez se maravillaron de la manera en la cual El había “abierto” o “explicado” (dianoigo) las Escrituras (Lc. 24.32; Ef. 24.45) Sería provechoso estudiar otras palabras como (anaggello, que significa “yo anuncio” o “yo declaro” en Hechos 20.27; anaginosko, que significa “yo leo”) en 1 Timoteo 4.13 (parakaleo, que significa “yo exhorto, consuelo”) en 1 Timoteo 4.13: (exegeomai, “yo declaro”) en Hechos 15.12 (laleo, “yo hablo”)en Juan 3.34; dialegomai, “yo discuto, debato”) en Hechos 17.17: y (Phtheggomai, “yo expreso”) en Hechos 4.18. Empero este breve resumen basta para concluir que un vínculo común en todos los términos bíblicos en sus contextos es un enfoque en las cosas de Dios y la Escritura como algo exclusivamente central en el mensaje del predicador. Indudablemente, esta característica señala la singularidad de la predicación bíblica.

COMO DEFINIR LA PREDICACION EXPOSITIVA

Las discusiones acerca de la predicación la dividen en tres tipos: temática, textual y expositiva. Los mensajes temáticos casi siempre combinan una serie de versículos bíblicos que están vagamente conectados con un asunto. La predicación textual usa un texto breve o pasaje que por lo general sirve como portal hacia el tema que el predicador decide enfrentar. Ninguno de estos métodos representa un esfuerzo serio para interpretar, entender, explicar o aplicar la verdad de Dios en el contexto de la Escritura utilizada. En contraste con esto, la predicación expositiva se concentra primordialmente en el texto bajo consideración junto con su contexto. La exposición normalmente se concentra en un texto de la Escritura, pero algunas veces es posible que un mensaje temático teológico histórico biográfico, sea de naturaleza expositiva. Una exposición puede ocuparse de cualquier texto independientemente de cuan extenso sea. Una forma de aclarar la predicación expositiva es identificar lo que no es:

No es un comentario de palabra en palabra ni versículo en versículo, sin unidad, bosquejo o dirección dominante.

  1. No son comentarios erráticos ni declaraciones casuales acerca de un pasaje sin el trasfondo de una exégesis exhaustiva y un orden lógico.
  2. No es una masa de sugerencias desconectadas e inferencias basadas en el significado superficial de un pasaje que no se apoyan en un estudio profundo del texto.
  3. No es pura exégesis, independientemente de cuán erudita sea, si le falta un tema, una tesis, un bosquejo o un desarrollo.
  4. No es un mero bosquejo estructural de un pasaje con varios comentarios de apoyo pero sin otros elementos retóricos y homiléticos.
  5. No es una homilía temática que utiliza algunas secciones del pasaje pero que omite la discusión de otras partes de igual importancia.
  6. No es una colección desmenuzada de hallazgos gramaticales y citas de comentarios sin la fusión de estos elementos en un mensaje suave, fluido, interesante y motivador.
  7. No es una discusión de Escuela Dominical que tiene un bosquejo de contenido, que es informal y ferviente, pero que le falta estructura homilética e ingredientes retóricos.
  8. No es una lectura bíblica que vincula varios pasajes esparcidos que tratan un tema como, pero que no logra manejar ninguno de ellos de manera completa, gramática y contextual.
  9. No es la común charla devocional que se da en una reunión de oración que combina comentarios generales, declaraciones erráticas, sugerencias desconectadas y reacciones personales de una discusión parcialmente inspiradora pero que no tiene el beneficio del estudio exegético contextual básico ni los elementos de persuasión.

Antes de continuar adelante, considere el grupo de palabras “exponer, exposición, expositor, expositivo”. Según el diccionario, una exposición es un discurso para presentar información o explicar lo que es difícil de entender. Aplicar esta idea a la predicación requiere que un expositor sea alguien que detalle la Escritura exponiendo el texto a la luz pública para establecer su significado, explicar lo que resulta difícil de entender y emplearlo de manera apropiada.

En resumen, los siguientes elementos mínimos identifican la predicación expositiva:

Dos textos bíblicos sirven de ejemplo para el espíritu de la predicación expositiva:

Y leían en el libro de la Ley de Dios claramente, y ponían el sentido de modo que entendiesen la lectura (Neh. 8.8). Por tanto, yo es protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios (Hch 20. 26 – 27).

Un ejemplo en particular es la exposición de Jesús de Isaías 61. 1-2 en la sinagoga (Lc. 4.16-22). Luego ofreció una exposición temática de sí mismo a los discípulos en el camino a Emaús (Lc. 24.27, 32, 44 – 47) En Hechos 8. 27 – 35 Felipe le explicó Isaías 53. 7 – 8 al eunuco etíope. Esteban le predicó un sermón expositivo histórico biográfico a los judíos antes de que lo apedrearan (Hch. 7.2 – 53).

Greer Boyce ha resumido muy hábilmente esta definición de la predicación expositiva:

En resumen, la predicación expositiva demanda que, mediante el análisis cuidadoso de cada texto dentro de su contexto inmediato y el medio ambiente al cual pertenece el libro, se utilice todo el poder de la erudición exegética y www.cimientoestable.org 10 teológica moderna en nuestro tratamiento de la Biblia. El objetivo no es que el predicador pueda exhibir toda su erudición en el púlpito. Más bien, es que pueda hablar fielmente en base a conocimiento sólido de su texto y se suba al púlpito como al menos, “obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” El último paso del predicador es el más crucial y el más peligroso de todos. Es relatar el mensaje bíblico de manera fiel y relevante a la vida moderna. En este punto debe entrar en juego toda su capacidad como artífice. Debemos saber que la exposición fiel de un texto no produce por sí misma un sermón efectivo. Sin embargo, también es necesario que se nos advierta que no se debe sacrificar la fidelidad al texto debido a que lo que presumimos sea algo relevante. Muchos predicadores modernos parecen dispuestos a realizar este sacrificio, produciendo como resultado, sermones que son una mezcla de consejo moralista, inconclusas y, algunas veces, descabelladas opiniones, así como lo último en sicología. La predicación expositiva, al insistir que el mensaje del sermón coincida con el tema del texto, llama de regreso al predicador a su verdadera tarea; la proclamación de la Palabra de Dios en y a través de la Biblia.

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